Veo, no sin cierta vergüenza, que éste que les escribe ha estado sin hacerlo por aquí desde noviembre de 2012. ¡Casi un año, que se dice pronto! Cualquier bloguero que se precie se habría disculpado achacando su nula capacidad creativa a un progresivo desgaste neuronal, secuela, sin duda, de la infinidad de artículos engendrados por su ingenio hasta ese momento; pero ¿cómo es posible excusarse de tal modo cuando se abandona la empresa apenas iniciada, cuando se pueden contar con los dedos –y sobrarían dedos– los post subidos al ciberespacio? Peor aún, ¿cuando la demora entre artículo y artículo nunca ha sido inferior a 20 días y ha continuado ampliándose hasta alcanzar este excesivo intervalo de casi 12 meses? Y, por otro lado, ¿quién, en su sano juicio y con poco tiempo libre como para estar pendiente, va a seguir tan escasa y renqueante producción? Supongo que nadie. Aún así no quiero dejar de pensar que es posible, aunque improbable, que alguno de ustedes se haya preguntado, durante este largo período de inactividad, el porqué de esta demora. Pues bien, voy a dar una justificada respuesta a ese "alguno" que se preocupa por el buen y continuado desarrollo de este blog.
Ante todo, y ésta es una de las razones, he de indicar que este "alguno" no es una mera licencia numérica. No es un indefinido que haga relación a un grupo indeterminado, más o menos pequeño, de personas, no. Con echar un vistazo a la cantidad de seguidores, a la abundancia de respuestas y comentarios y a la cifra de visitas del blog, se puede constatar con cierta exactitud que ese "alguno" hace referencia a un número de interesados que va desde uno a ninguno. Es decir, que si este bloguero fuera una diva de la canción, u otro espécimen similar, y se viera en la necesidad de decir aquello de "me debo a mi público", a continuación podría añadir el nombre, apellidos y residencia del aludido sin temor a equivocarse.
Por si esta explicación no tuviera ya de por sí el suficiente peso específico como para entender la falta de periodicidad de este blog, hay van otros motivos que la harán irrebatible. He hablado más arriba acerca del ingenio de muchos blogueros por engendrar infinidad de artículos, algunos sacados casi de la nada. Pues bien, no es la incapacidad para engendrar la dificultad. Engendrar, engendro. Es precisamente ahí, en esto último, donde radica el problema: en el engendro, bien porque me sale cada bodrio que no tengo otro remedio que abortarlo antes de su alumbramiento, bien porque el período de gestación se acerca al de un elefante y acabo pariendo lo que se llama comúnmente un ladrillo. ¿Y quién va a querer presentar un ladrillo, por mucho que se parezca a su padre? Todo el que me conoce sabe que la concisión no es una de mis virtudes. Suelo irme por las ramas con la facilidad de un mono, para acabar hecho un lío y sin saber bajar. Aunque en mi descargo alegaré lo que en su día argumentó no recuerdo qué escritor cuando el director del periódico donde trabajaba a diario le echó en cara la longitud de sus crónicas: "¡Con el poco tiempo que tengo, para ponerme a resumir!"
Y por si dichas excusas no fueran suficientes, ahí va la última causa de mi dejadez: este bloguero adolece de una especie de reumatismo crónico a la hora de escribir. Se agarrota en cada palabra, la retuerce, la encoge y la estira, sufre buscando la adecuada, y cuando cree haberla encontrado, al momento, descubre que se le extiende por todo el texto y que ha de ser extirpada y reemplazada por otra. En otras palabras, que escribir no es tan fácil, ¡hombre! Al menos, escribir bien.
Y por si dichas excusas no fueran suficientes, ahí va la última causa de mi dejadez: este bloguero adolece de una especie de reumatismo crónico a la hora de escribir. Se agarrota en cada palabra, la retuerce, la encoge y la estira, sufre buscando la adecuada, y cuando cree haberla encontrado, al momento, descubre que se le extiende por todo el texto y que ha de ser extirpada y reemplazada por otra. En otras palabras, que escribir no es tan fácil, ¡hombre! Al menos, escribir bien.
Pese a ello y al escaso éxito, uno no quiere dejar de hacerlo, porque, al fin y al cabo, le resulta de lo más entretenido. Y si se tiene tiempo... Así que permítaseme volver a ésta mi cátedra bloguera con la consabida frase frailuisina "decíamos ayer…"