Después de publicar el artículo “Españolizar a los españoles (I)”, un lector amigo –al que llamo amigo en el sentido literal de la palabra, dado que nadie más me lee, si exceptuamos a los familiares, a quienes obligo– tuvo a bien dejar un comentario en el que expresaba su desacuerdo. He dudado mucho en contestarle, pues temo que, al hacerlo, caiga sobre mi conciencia el perder tanto al lector como al amigo, y de ambos uno no anda sobrado. Sin embargo, por estas cosas que tiene el placer de la escritura y la falta de conciencia, no sólo me he decidido a rebatirle, sino que, dada la extensión de mi respuesta, he creído conveniente “pregonarlo” en otro artículo. Que me perdone, por tanto, el amigo al que se le ocurrió enmendarme la plana. Me he permitido, también, corregir un tanto la ortografía, que a buen seguro habría sido más pulcra de no haberse escrito, como supongo, a mata caballo. Espero no haber desvirtuado su sentido. El comentario dice lo siguiente:
Anónimo 16 de noviembre de 2012 23:41
No creo, es más sé, que el castellano, lengua de los castellanos y oficial de todos los españoles, no es tratado como lengua extranjera en ningún rincón de España. Como sí que pasa con otras lenguas españolas, como el catalán, lengua de los catalanes (y) "por defecto de todos los españoles" que, aun siendo una lengua española, no es oficial en España, y no esta protegida por ni una sola ley española. Lo cual no termina de tener sentido. Digo catalán como podría haber dicho otra de las cuatro que se conservan. No te tomes (a) mal este comentario medio crítico. Aparte de este articulo, el resto del blog, glorioso.
Permíteme unas leves matizaciones a tu escrito:
El castellano hace ya muchos siglos que dejó de considerarse sólo la lengua de los castellanos. No fue una imposición franquista, como algunos quieren hacernos creer, lo que ocasionó que, de la noche a la mañana, el hablante catalán, el vasco y el gallego pasaran a expresarse en castellano. Ni tampoco, "in illo témpore", hubo coacción alguna, más allá de convertirse Castilla en uno de los reinos con más "peso específico" de Europa. Fue, simplemente, el resultado de un proceso muy común que ya se había originado con otras lenguas; como el latín, por ejemplo. La lengua castellana comenzó a expandirse por las zonas bajo su influencia y a desplazar a las otras; las cuales, paulatinamente, quedaron relegadas al ámbito rural o familiar, en el caso del vasco y del gallego, y a un uso algo más extendido, en el catalán. De ahí que el castellano pasara a llamarse, con perdón, español. Es a partir del siglo XIX, con los nacionalismos, cuando las otras lenguas vuelven a cobrar vigencia como seña no ya identificadora, sino diferenciadora. Sin embargo, no sería descabellado señalar que, con anterioridad, el español había adquirido sobradamente carta de naturaleza en la cultura catalana, vasca y gallega, por mucho que ahora se empeñen en arrebatársela. Quinientos años nos contemplan. ¡Pues me los paso por el Arco del Triunfo!
Reputados filólogos mantienen que el vascuence no sólo se circunscribió a una determinada región de la Península, sino que abarcó, en la época prerromana, una zona mucho más amplia. Algunos, incluso, suponen que la lengua vasca y la ibera compartieron una raíz común. Por tanto, bien podría argumentarse que el “euskera” es el idioma más cercano a nuestra lengua vernácula. ¿Se imagina alguien que, para rizar el rizo de los despropósitos, llegase hoy uno de esos “iluminados” reclamando la vuelta a los orígenes? Al fin y al cabo, el castellano, el gallego y el catalán provienen del latín, el idioma de los invasores romanos. Inperioa ez.
En cuanto a la revelación de que las otras lenguas no son oficiales en el resto de España y no se encuentran protegidas por las leyes, este bloguero no sale de su asombro. Uno, en su ignorancia, creía que con el reconocimiento por parte de la Constitución del catalán, vasco y gallego como lenguas cooficiales en sus respectivas comunidades se garantizaba suficientemente su salvaguarda. Pues no. Por lo que parece han de estar aceptadas y amparadas en todo el territorio español, también en los lugares donde no se hablen. A ver si lo entiendo. ¿Quiere esto decir, por proponer un tema, que si un comerciante en Cataluña decide rotular su tienda exclusivamente en español se expone a una multa, como está sucediendo, pero si este mismo vendedor traslada su establecimiento a Murcia y, con una visión de negocios digna de Rompetechos, emplea en esta ocasión sólo el catalán, ha de aceptarse como algo lógico y conforme a la ley? Aún así, admitiendo mi desconocimiento de la normativa que a este respecto impera en la comunidad murciana, dudo muy mucho que tal asunto acabase en una sanción. Eso sí, más de uno lo tacharía de soberana imbecilidad. A menos, claro, que lo que ofreciese fueran butifarras, cava o cualquier otro producto de aquellas tierras. En cuyo caso le conferiría un "toque" ciertamente autóctono.
Con todo, amigo, no quiero dejar de agradecerte tu comentario –el cual, igualmente, y pidiéndote prestado el término, considero "glorioso"– e instarte a que, pese a estas puntualizaciones, sigas leyendo "Barbacoa Literaria" y respondiéndome a todo aquello que creas conveniente.